miércoles, 12 de noviembre de 2014

Mil veces buenas noches

Título original: Tusen ganger god natt.
Título internacional: A thousand times good night.
Título traducido al español: Mil veces buenas noches.
Dirección: Erik Poppe.
Interpretación: Juliette Binoche (Rebecca), Nikolaj Coster-Waldau (Marcus), Lauryn Canny (Stephanie), Adrianna Cramer Curtis (Lisa), Maria Doyle Kennedy (Theresa), Larry Mullen Jr. (Tom), Mads Ousdal (Stig), Chloe Annett (Jessica).
Guion: Erik Poppe y Harald Rosenløw Eeg.
Países: Noruega, Suecia e Irlanda.
 Año: 2013.
Duración: 117 min.
Género: Drama.
Producción: Finn Gjerdrum y Stein B. Kvae.
Color o en B/N: Color
Música: Armand Amar.
Fotografía: John Christian Rosenlund.
Montaje: Sofia Lindgren.
Diseño de producción: Eleanor Wood.
Vestuario: Judith Williams.
Distribuidora: Golem
Premios 2013: Festival de Montreal: Sección oficial

Sinopsis:
Rebecca (Juliette Binoche) es una de las primeras reporteras gráficas de guerra del mundo. Al vivir día a día la muerte y la destrucción, la mujer se pregunta qué beneficios puede tener su trabajo para el ser humano: si sólo es algo estético o, si por el contrario emiten un mensaje que pueda calar en la sociedad y hacer que ésta cambie su punto de vista respecto a la realidad. Mientras fotografía a una terrorista suicida en Kabul, sufre una herida grave. Cuando llega a su casa, cae otra bomba. Su marido y sus dos hijas ya no soportan la angustia de pensar que puede pasarle algo y le dan un ultimátum: su trabajo o su familia. La elección parece obvia.

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The Bang Bang Club


Título original: The Bang Bang Club

Año: 2010
Duración: 107 min.
País:Canadá Canadá
Director: Steven Silver
Guión: Steven Silver
Música: Philip Miller
Fotografía: Miroslaw Baszak
Reparto: Taylor Kitsch, Malin Akerman, Ryan Phillippe, Frank Rautenbach, Patrick Lyster, Neels Van Jaarsveld, Russel Savadier
Productora: Coproducción Canadá-Suráfrica; Foundry Films
Género: Drama | Fotografía. Basado en hechos reales



Sinopsis:
Kevin Carter, Ken Oosterbroek, Greg Marinovich y Joao Silva formaron en la década de los 90 el Bang-Bang Club. Con este nombre se conoció al grupo de fotógrafos que cubrió los violentos incidentes que acompañaron al movimiento de liberación de la raza negra en Sudáfrica: la lucha contra el Apartheid.
Particularmente, a principios de los años noventa, cuando ya se sentían los vientos de cambio y cuando el país se sumió en un violencia sin precedentes. De este grupo formaban parte Joao Silva, Kevin Carter, Greg Marinovich y Ken Oosterbroek. A su alrededor gravitaban otros grandes fotógrafos de guerra como Gary Bernard y James Natchwey (la labor de este último la retrata el documental War Photographer, nominado a un Oscar).
Aunque debido a la censura del gobierno de Partido Nacional su trabajo apenas salía publicado en Sudáfrica, fue un artículo publicado en la revista local Living el que les puso nombre. Los llamó los “Bang Bang Paparazzi”.
Por razones evidentes, el nombre “paparazzi” se cambió por el de “club”, ya que no se puede comparar la labor de estos jóvenes que se jugaban la vida para meterse en los townships con el trabajo de quienes cazan imágenes de Britney Spears o Paris Hilton.

Violencia orquestada
Corrían tiempos duros para Sudáfrica. Cada día se contaban decenas de muertes en los enfrentamientos entre los seguidores del Congreso Nacional Africano de Mandela (ANC), y los zulúes separatistas del Inkatha, dirigidos por Mangosuthu Buthelezi.
Se perpetraban masacres en trenes, en las calles, pero sobre todo en los albergues para trabajadores y estudiantes de los barrios negros. Se mataba a gente al azar.
Con el tiempo se descubrió que los zulúes, más allá de sus disputas ancestrales con los xhosas, estaban siendo alentados por las fuerzas blancas a luchar contra su propia gente con la intención de demostrar al mundo que los negros no se podían gobernar a sí mismos, y que el partido de Mandela no estaba preparado para tomar el poder.
Morir para contar
Si el mundo llegó a saber la verdad, fue gracias a la labor de estos cuatro fotógrafos, dos de los cuales acabaron su vida de forma trágica.

1.Ken Oosterbroek murió durante las luchas en Tokoza, un township situado al sur de Johannesburgo. Tenía 28 años. Y el hecho sucedió el 18 de abril de 1994, apenas unos días antes de esas primeras elecciones democráticas y no racistas que los miembros del Bang bang club habían luchado por que tuvieran lugar.

2.Kevin Carter, que sufría de adicción a las drogas, se suicidó dos meses más tardes. Había recibido el premio Pullitzer por sus imágenes de una niña y un buitre en Sudán. Fotografía por la que también se puso en duda su integridad moral, en un debate que al menos a quien escribe estas palabras le ha parecido siempre estúpido, y propio de quien no ha estado en nunca en el terreno o de articulistas ociosos sentados a miles de kilómetros en la comodidad de sus redacciones (como sucedió a nivel nacional con Arcadi Espada, cuyas críticas a la obra de Javier Bauluz fueron igual de estúpidas, o quizás más…).
Sacas la foto y acto seguido espantas al buitre. Ganas, a cambio, una imagen que sacudió millones de conciencias. El asunto no tiene más misterio, como sostiene Joao Silva, que estaba allí junto a su amigo y que captó la misma imagen. El niño no estaba abandonado, se encontraba junto su familia a un centro de alimentación de la ONU en el sur de Sudán.

3.Greg Marinovich ganó también el Pullitzer por su cobertura del asesinato de Lindsaye Tshabalala. Sigue en activo. Y es autor, junto a Joao Silva del libro The Bang Bang Club. Obra de prosa un poco deshilvanada, pero que no quita que estemos ante un documento histórico y humano tan fascinante como aleccionador.

4.Joao Silva, ganador del World Press Photo, continúa asimismo al pie del cañón. Sus imágenes, desde conflictos como Irak, muestran su compromiso continuado con la denuncia de la barbarie.

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Espejos

Nombre de la obra: Espejos
Autor: Marco Pejrolo
Técnica: Fotografía en blanco y negro
Tipo de soporte: madera
Ubicación de la exposición: Centro Cultural PUCE

La exposición fotográfica de Marco Pejrolo “ESPEJOS” muestra los rostros y las miradas de la gente que nos rodea y que pasa desapercibida en nuestra agitada rutina. Es obra abierta al público desde el 28 de octubre hasta el 28 de noviembre en la Sala A del primer piso del Centro Cultural de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador.

Extracto
 “…Así desde la confortable soledad del visor de una cámara fotográfica podía observar una nueva complejidad, nuevos personajes, nuevos juegos de luz, nuevas coincidencias, nuevas vicisitudes humanas.
El deseo de recomponer todos los retazos de vida en  una historia elegida e imaginada por mí, se ha revelado extremadamente natural. En esos momentos el director jugaba con los fragmentos capturados en la realidad. Seleccionados e inmortalizados por un disparo. El mío.
Antes era la búsqueda de la coincidencia en la realidad la que guiaba mi mano en el instante del disparo. Me sentía mayormente atraído por las casualidades que creaban geometrías inesperadas o reflejos engañosos, similares conseguidas en los fotomontajes, solo que en este caso sin la necesidad de un ordenador; se trataba únicamente de la propia materia reflejada en un pozo de agua o en una ventana. Espejos naturales. El juego de toque barroco que se producía al rebotarse la luz en estas superficies me fascinaba. Me divertía. En el fondo revelaba lo que existía verdaderamente. Solo tenía que estar apostando en ángulos diferentes. A mí me resultaba visible aquello que a los distraídos transeúntes se les escapaba inexorablemente. Y a esta mesa de juego de azar, muy raramente estaban invitadas las personas reales. Prefería vencer mis partidas con la luz usando posters, maniquíes, árboles, nubes, coches y grandes escaparates. Adversarios más dóciles y menos inestables, en cuanto al humor se refiere.
Las personas han entrado en mi objetivo y en mis disparos poco a poco, casi escondidas, hasta convertirse en mi argumento preferido. Quizás también gracias a mi dedicación al retrato en estudio, donde volví a manejar la luz como en un pequeño teatro privado.
Mientras tanto crecía mi actividad teatral y con ella la oportunidad de visitar ángulos lejanos del mundo: Argentina, Chile, México, Uruguay, Estados Unidos, Canadá, Sudáfrica, Cuba, Guatemala, Ecuador. Todos ellos lugares a los que he regresado a menudo.
Mi ojo se encontraba estimulado como nunca y la “facilidad” del digital acabó por emborrachar completamente una mente que habría debido guiar el ojo al seleccionar los fragmentos. Tan fuerte llegó a ser esta dispersión que me obligó a volver atrás. Dejar el digital, disparar de nuevo con una cámara de medio formato, con una película de 120, y colocarme otra vez en una posición mucho menos cómoda, física y mentalmente hablando, y así reafirmar la primacía del fotógrafo sobre el instrumento.
Grandes lecciones que desde entonces no he olvidado, a pesar de los años que hace que volví al disparo hecho de bit. Utilísimas también cuando han entrado en el uso común objetos como el iPhone, fiel compañero de muchas aventuras.
Ahora me muevo sólo con mi Laica M9 y mi Nikon D800. Una pareja perfecta para la Street photography, disciplina en la que no dejo de experimentar y de descubrir nuevos horizontes.
Mi pasión.”

Marco Pejrolo.


Smoke

Título original: Smoke
Titulo traducido: Cigarros
Dirección: Wayne Wang
Producción: Kenzô Horikoshi, Satoru Iseki, Greg Johnson,Hisami Kuroiwa
Guion: Paul Auster
Música: Rachel Portman
Fotografía: Adam Holender
Protagonistas: William Hurt, Harvey Keitel, Carrasco Emmanuel Arturo, Federico Pulice, Victor Argo, Stockard Channing, Harold Perrineau, Forest Whitaker, Esteban Tur Llacer.
País: Estados Unidos
Año: 1995
Género: Comedia / Drama
Duración: 108 minutos
Idioma: Inglés
Productora: Miramax
Premios: Mejor película americana y mejor guión (1996)

Sinopsis:
En torno a un estanco se desenvuelven las historias de un puñado de personajes solitarios cuyas vidas parecen marcadas por el azar: el escritor Paul Benjamin, que trata de recomponer su vida tras la muerte de su esposa por culpa de una bala perdida en un atraco; el joven Rashid Cole, que trata de encontrar a su padre, que le abandonó cuando sólo era un niño; Cyrus Cole, que vive la amputación de su brazo izquierdo como un castigo divino; o el dependiente Auggie Wren, que guarda en su pasado algunos secretos de los que no está del todo orgulloso.

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miércoles, 22 de octubre de 2014

Relación entre la película y "las babas de diablo" de Cortázar



n 1966 se estrenó Blow up, una película diferente. Este fue el primer trabajo de Michelangelo Antonioni en inglés filmado en Londres y que se inspiró en el cuento “Las babas del diablo” del argentino Julio Cortázar. Muchos autores han dedicado profundos estudios a la obra de Antonioni y a la de Cortázar; algunos otros se han detenido en la relación directa que pudo haber entre uno y otro, o entre el film y el texto literario. En este sentido, el presente trabajo intenta mostrar a ambos autores en Blow up. 
La historia de un fotógrafo es el inicio de las dos obras: varias vidas se pueden vivir en diferentes espacios y si Cortázar sitúa a Roberto Michel, franco-chileno, traductor y fotógrafo en un París existencialista, Antonioni compone un personaje que es simplemente un fotógrafo de modas. ¨El fotógrafo de Blow up (David Hemmings), que en todas las reseñas, incluidas las notas de Antonioni, aparece con el nombre de Thomas, aún cuando en ningún momento sea nombrado en el film, carece de la actitud moralista de Roberto Michel, el fotógrafo diletante de Cortázar y por consiguiente rehúsa intervenir en la historia¨ (Font, 184: 2003). El personaje de la película es un generador de imágenes, él no quiere sorprenderse, su oficio es más bien el de sorprender al otro, su trabajo busca mostrar antes de ver, ¿qué hay entre los que vemos la propuesta y aquellos que la proponen?. La intervención sobre el hecho no es la intención de ninguno de los dos (fotógrafo y espectador), pero en esta relación voyerista hay una tercera figura a tomar en cuenta: aquello que es fotografiado/visto, la imagen.  
En la película la reflexión sobre la imagen es quizás el punto más importante que inspira Blow up. “Entre las mejores maneras de combatir la nada, una de las mejores es sacar fotografías, actividad que debería enseñarse tempranamente a los niños, pues exige disciplina, educación estética, buen ojo y dedos seguros” (Cortázar, 304: 2004). Antonioni permite al espectador buscar en las fotografías un sentido a todo lo que sucede continuamente alrededor de la película. 
Ahora que sabemos que el conductor de esta historia es el fotógrafo que recorta la realidad en un principio, y que no sabrá enfrentarse a ella con el desarrollo de la historia, ya podemos acercarnos de una manera más correcta a la trama misma de la película. ¨La idea deBlow up me vino al leer un breve relato de Julio Cortázar. No me interesaba tanto el argumento como el mecanismo de las fotografías. Descarté aquel y escribí uno nuevo, en el que el mecanismo asumía un peso y un significado diversos¨ (Antonioni, 337: 1970). La película, tal y como lo reconoce Antonioni, descarta la posibilidad de poner en escena la obra de Cortázar de una forma clásica, en todo caso el director entiende que el punto de partida puede estar más allá de la formal traducción/traición hecha de una lengua a otra, o de un lenguaje a otro. 
“Antonioni empezó por escribirme una carta que yo tomé por una broma de algún amigo chistoso, hasta advertir que estaba redactaba en un idioma que aspiraba a pasar por francés, prueba irrebatible de autenticidad” (Cortázar, 237: 2009). Los encuentros entre unos y otros pueden ser enfrentamientos o acercamientos, pueden ser duelos, reuniones de negocios o simplemente uno más de los resultados del azar y la casualidad. El director italiano había quedado impresionado con algo que leyó, aunque eso que había leído no era precisamente lo que estaba escrito. Un impulso lo llevó a hacer suyo el cuento de otro, creó una imagen que sólo él podía imaginar, revelando lo que el director quería ver de una obra que construye y reproduce nuevos cuestionamientos en todas sus escenas.
Si “Las babas del diablo” se desarrolla en París, Blow up encuentra en Londres un escenario donde se desarrollará la historia que busca en los espacios abiertos (esencialmente el parque) las respuestas a una pregunta jamás formulada. En el lenguaje técnico de la fotografía, blow up es la definición de la máxima ampliación de una imagen, esto resulta ser una de las formas más insistentes e incisivas de la exploración sobre el tiempo detenido, el tiempo muerto. 
La relación entre Cortázar y Antonioni o entre la literatura y el cine, en este caso, se nos ha propuesto como un elemento detonador de una nueva obra, donde la presencia de otro autor puede resignificar lo ya escrito o poner en escena aquello que conocemos desde antes.   
“Vi la película mucho después de su estreno en Europa, una tarde de lluvia en Amsterdam pagué mi entrada como cualquiera de los holandeses ahí congregados y en algún momento, en el rumor del follaje cuando la cámara sube hacia el cielo del parque y se ve temblar las hojas, sentí que Antonioni me guiñaba un ojo y que nos encontrábamos por arriba o por debajo de las diferencias; cosas así son la alegría de los cronopios, y el resto no tiene la menor importancia” (Cortázar, 238: 2009   

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http://www.cinemascine.net/archivo/cuarto_oscuro/Antonioni-y-Cortzar-en-Blow-up

Informe de fotografía

Título original: Blow-up (Blowup)
País
: Reino Unido e Italia
Año: 1966
Duración: 108 minutos
Dirección: Michelangelo Antonioni
Producción
: Carlo Ponti
Guión
: Tonino Guerra & Michelangelo Antonioni, basado en el relato de Julio Cortázar Las babas del diablo, del libro Las armas secretas, 1959
Interpretación: David Hemmings, Vanesa Redgrave, Sarah Miles, Peter Bowles, Jane Birkin, Gillian Hills, John Castle, Verushka
Producción ejecutiva: Pierre Rouve

Dirección artística: Assheton Gorton
Fotografía: Carlo di Palma
Montaje: Frank Clarke
Sonido: Robin Gregory
Color: metrocolor
Vestuario: Jocelyn Rickards
Maquillaje y peluquería: Paul Rabiger y Stephanie Kaye
Música: Herbert Hancock
Productora: Bridge Films
Distribuidora: MGM
Localizaciones: Maryon Park, Plaza of the Economist Building, Stockwell Road, Regent Street, Heddon Street
Sinopsis:
Adaptación de un cuento de Julio Cortázar que narra la historia de un fotógrafo que, tras realizar unas tomas en un parque londinense, descubre al revelarlas una forma irreconocible que resulta ser un misterioso crimen en un Londres envuelto en la cultura pop. Premiada en el Festival de Cannes con la Palma de Oro. (FILMAFFINITY).

La historia está basada en el relato de Julio Cortázar Las babas del diablo, aparecido en el libro Las armas secretas. Cortázar aparece como cameo en una de las fotografías mostradas en la película. En el relato, la pequeña historia y su significado es completamente distinto al del film de Antonioni. Posteriormente al estreno de la película, el director confesó que necesitaría otra película para explicar el significado de la misma. El personaje principal está inspirado en un fotógrafo real, Sergio Larraín.


Este contenido fue publicado originalmente por:
http://es.wikipedia.org/wiki/Blow-Up